Formas de trabajo infantil
En el mundo existen muchas formas de trabajo infantil. Aquí podrás encontrar información detallada de todas ellas y de sus consecuencias.
Niños y niñas ocupados en las formas incuestionalblemente peores* de trabajo infantil y explotación
*Peores formas incondicionales de trabajo infantil: Estas formas de trabajo se corresponden a las descritas en el artículo 3 de la Convenciión No.182 de la Organización Internacional del Trabajo.
Es uno de los sectores más amplio de empleo en la mayoría de los países. Por lo tanto, no resulta sorprendente que sea también el sector en donde se encuentra la mayor parte del trabajo infantil a nivel mundial. La OIT estima que casi tres cuartas partes de los niños y niñas que trabajan lo hacen en el sector agrícola, es decir, más de 163 millones de niños.

A pesar de que en algunos casos este trabajo puede considerarse un trabajo no peligroso, puede convertirse en una forma peligrosa de trabajo cuando los niños trabajan durante largas jornadas, deben cargar objetos pesados, trabajar con sustancias químicas o con instrumentos peligrosos, o son sujetos a algún tipo de abuso (físico, sexual, mental o emocional).
Aunque la OIT sitúa la minería en la misma categoría que la agricultura y la pesca, conviene diferenciarla del resto por su especial dureza e implantación en distintos países.
Se recurre al trabajo infantil en las pequeñas minas de muchos países africanos, latinoamericanos y asiáticos. Se estima que un millón de menores trabajan actualmente en minas y canteras en más de 50 países asiáticos y sudamericanos.
La fusión cerámica y la extracción de vidrio o cristal de fundiciones es una de las actividades más extendidas y peligrosas, especialmente en Asia. Hay niños que extraen cargas de vidrio en fusión de hornos a temperaturas que oscilan entre 1500 y 1800 grados. Dentro de la fábrica, que a veces sólo funciona de noche, la temperatura varía entre los 40 y los 50 grados. Además trabajan largas jornadas en naves mal alumbradas y apenas ventiladas.

Los niños que trabajan en talleres de reparación, de carpintería o del trabajo con cuero inhalan constantemente polvo, humos y vapores, como acreditan varios estudios realizados en Egipto, Filipinas y Turquía. También surgen problemas ergonómicos graves en el trabajo cuando los niños han de estar en cuclillas muchas horas seguidas, por ejemplo, en el tejido de alfombras y en talleres de confección subcontratada de prendas de vestir.
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La limpieza deficiente del taller contribuye a que se acumulen polvo y residuos, lo cual provoca accidentes y trastornos respiratorios, como se ha observado en el sector de la artesanía en Filipinas, Kenia y Tanzanía.
El sector informal comprende una gran variedad de actividades económicas y ocupaciones tanto legales como ilegales. Estas actividades tienden a ofrecer niveles más bajos de ingresos y de seguridad laboral que los trabajos en el sector formal, y tienden a concentrarse en las áreas urbanas (aunque también existen ejemplos de trabajo en el sector informal en las áreas rurales, como en Nepal).
En muchos países en vías de desarrollo, se estima que el sector informal contribuye a una suma importante al producto nacional bruto, como por ejemplo en Tanzania, donde alcanza un 32%.
El servicio doméstico infantil es muy corriente en muchos países en desarrollo. Los empleadores de zonas urbanas reclutan a menudo niños en el campo a través de la familia, de amigos o de otras relaciones. Aunque la mayoría procede de familias muy pobres, muchos son niños abandonados, huérfanos o de familia monoparental.

Una de las formas más corrientes de servidumbre es la de orden familiar: los niños trabajan para reembolsar un préstamo u otro compromiso monetario de sus padres. Los prestamistas, que son con frecuencia propietarios agrícolas, suelen manipular la situación de tal modo que a la familia le es difícil o imposible pagar su deuda, con lo que se perpetúa indefinidamente la utilización de una mano de obra gratuita.
Es cada vez más frecuente que redes organizadas compren y vendan niños traspasando las fronteras nacionales. UNICEF calcula que existen dos millones de niños que anualmente son víctimas de explotación sexual infantil y forman parte de un negocio ilegal que supone ingresos de más de 12.000 millones de dólares, el tercer negocio ilegal más importante del mundo, por detrás del tráfico de drogas y el de armas.

Se han utilizado a menores en las guerras de Angola, Afganistán, Ruanda, Sierra Leona, Costa de Marfil, Uganda, Burundi, Congo, India, Colombia o Sri Lanka, entre otros. Hoy en día, 300.000 niños y niñas menores de 15 años están relacionados de algún modo con las fuerzas armadas. Algunos de ellos tienen tan sólo 7 años. La razón por la que se recluta a niños es porque son baratos y prescindibles, además ofrecen una obediencia incondicional a sus superiores.

Se utiliza a los niños para matar, para colocar minas antipersona, para labores de espionaje o como meros porteadores. Las niñas soldado sufren abusos sexuales por parte de sus compañeros para “aumentar la moral de la tropa", o se utilizan como esclavas sexuales. También son entregadas como "esposas" a los soldados adultos, soportando la violencia a manos de unos hombres que carecen de escrúpulos por la guerra.
Las maquiladoras inician, finalizan o contribuyen de alguna forma en la elaboración de productos destinados a la exportación. Se calcula que las maquiladoras de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua emplean más de 200.000 trabajadores, la mayoría mujeres jóvenes que han migrado de las comunidades rurales a las zonas donde están instaladas las maquilas. No hay datos precisos sobre el trabajo infantil en este sector, puesto que no se registran los empleos de menores de edad, al estar legalmente prohibido.